El pasado día 5 de febrero se presentó el “Plan de colaboración para la mejora de la composición de los alimentos y bebidas”. Con él se pretende reducir el contenido de sal, azúcar y grasa de muchos alimentos antes del año 2020. Esta modificación en la composición de los alimentos, podría disminuir la incidencia de enfermedades como la diabetes, la obesidad, el cáncer o las enfermedades cardiovasculares.

Mientras el Ministerio de Sanidad y los representantes de las empresas que suscriben este Plan (FIAB, ACES, ANGED, ASEDAS, FEADRS, ANEDA) se felicitaban por el acuerdo adoptado, no han tardado en levantarse numerosas voces críticas. Alegan que este plan es sólo un lavado de cara y que los retos planteado son poco ambiciosos.

Analicemos el origen de estos desacuerdos.

 

¿En qué consiste el “Plan de colaboración para la mejora de la composición de los alimentos y bebidas”?

 

Nada mejor que comenzar viendo en qué consiste este Plan y que nos dice el Ministerio al respecto.

Su objetivo es reducir en torno a un 10% el contenido de sal, azúcar y grasa en más de 3.500 productos . Para ello se necesita el compromiso voluntario de más de 500 empresas.

¿Qué tipo de empresas suscriben este acuerdo? Pues además de industrias de alimentación y bebidas, se han unido cadenas de distribución, distribuidores de máquinas expendedoras (vending), empresas de restauración social (cafeterías de hospitales, colegios,..) y de restauración moderna.

Según datos de AECOSAN, los productos incluidos en este Plan suponen el 44,5% de los azúcares añadidos de nuestra cesta de la compra. No está demás recordar que la OMS recomienda limitar el consumo de estos azúcares a menos de un 10% de la ingesta calórica total.

Vamos a ver cuáles son los compromisos que han suscrito las diferentes empresas analizando los pros y contra de cada uno de ellos.

 

Compromiso de la industria alimentaria

 

En la siguiente infografía se resumen los principales acuerdos suscritos por la industria alimentaria. Se han clasificado por tipo de producto:

Infografia modificación composición de los alimentos

Fig 1. Infografía compromisos industria alimentaria. Fuente: AECOSAN

 

A favor

Cualquier disminución en la cantidad de grasa, azúcar añadido o sal, es bienvenida.

Hay que tener en cuenta que para la industria alimentaria pequeños cambios en la formulación de sus productos pueden conllevar:

  • Cambios en las características organolépticas, es decir, en su sabor, color, olor o textura. Además la sal, la grasa y el azúcar suelen ser precisamente los ingredientes que más suelen influir en estas características. Así por ejemplo, hoy en día tenemos nuestro gusto muy acostrumbrado al sabor dulce. Muchos alimentos, incluso algunos  que no sospechamos, llevan azúcar o edulcorante. Por tanto es complicado reducir sus niveles y que el consumidor no lo note. ¿Nunca os ha ocurrido que compráis una barra de pan sin sal por error? Y cuando la probáis pensáis en lo mal  que sabe el pan y en qué le habrán echado. Pues éste es uno de los temores de los fabricantes, la pérdida de sus clientes por cambios de formulación. Los consumidores podemos acostumbrarnos a niveles más bajos de azúcar, “educando” nuestro paladar. Pero, ¿cómo se puede hacer ésto sin que penalicemos precisamente a los fabricantes que menos azúcar utilizan?
  • Cambios en el precio. Los ingredientes que reducimos tienen que ser sustituidos por otros. Éstos puden tener un mayor precio o puede ser necesario modificar el proceso productivo. Todo ello puede repercutir en el precio final del producto. ¿Estamos dispuestos a pagar más por un producto con menos azúcar, sal o grasa?

Si estos cambios repercuten negativamente en las cuentas de la empresa, el Plan no tendrá éxito. Y no debemos culpar por ello a las industrias alimentarias.

 

En contra

Aunque las reducciones de la infografía a priori nos parezcan importantes, cuando hacemos números nuestra percepción puede cambiar.

Veamos algunos ejemplo de lo que supondrían realmente estas reducciones. Para ello tomamos como referencia datos incluidos en el Plan. Los siguientes datos se refieren a 100 gramos de producto:

  • Pastelito relleno con cobertura: pasaría de los 39 gramos de azúcar actuales a 37,1 en 2020.
  • Rosquillas con cobertura: pasarían de los 19 gramos de grasa actuales a 18,1 en 2020.
  • Crema de verduras: pasaría de los 0,75 gramos de sal actuales a 0,7 en 2020.

¿Qué opinas ahora sobre las reducciones? Quizás deberíamos hacer los cálculos teniendo en cuenta todos los alimentos de nuestra dieta y no sólo el valor de alimentos aislados.

Otro de los aspectos que está recibiendo críticas, es la ausencia de medidas específicas para reducir el contenido en aceite de palma. El Plan recoge medidas como la sustitución de grasas con alto contenido en grasas saturadas por aceites con menos contenido, siempre que sea posible, pero no entra en mas detalles.

 

Conclusiones

 

Desde mi punto de vista todas las mejoras en el perfil nutricional de los alimentos deberían ser bienvenidas. Debemos tener en cuenta que aunque a priori parezcan fáciles de llevar a cabo, en la práctica no siempre es así.

Si realmente queremos un cambio importante, deberíamos tener en cuenta los siguientes aspectos:

  1. Aunque estas modificaciones en la composición de los alimentos reduzcan la cantidad de sal, azúcar y/o grasa, un bollo de chocolate nunca será una manzana. ¿Obvio? Sí, pero muchas veces queremos alimentarnos a base de precocinados, bollería industrial y refrescos, y que en nuestro organismo tengan el mismo impacto que si nos hubiéramos tomado una ensalada. Y eso hoy día, siento decirlo pero… es ciencia ficción. ¿Quiere decir esto que nunca debemos tomar este tipo de alimentos? Tampoco es necesario llegar a esos extremos. Lo qué sí es importante, es llevar una dieta equilibrada. Y para ello debemos entender el etiquetado nutricional de los productos que consumimos.
  2. Los consumidores tenemos más poder del que pensamos. ¿Lo dudas? Si un producto no se vende, se modifica o se deja de fabricar. Si los estudios de mercado indican una mayor tendencia hacia el consumo de productos bajos en azúcar, los fabricantes innovarán para incluirlos dentro de sus referencias.
  3. Como consumidores deberíamos hacernos las siguientes reflexiones: ¿Estamos dispuestos a pagar un poco mas a cambio de mejoras en la  composición de los alimentos? ¿Estamos dispuestos a aceptar cambios en el sabor? Quizás no sean esas nuestras prioridades.
  4. Las cadenas de distribución, un gran aliado. ¿Por qué digo esto? Pues porque las grandes distribuidoras son las que “tiran” de la industria alimentaria. Con sus normas han hecho que se extremen las medidas para garantizar la seguridad de los alimentos. O tras los escándalos de fraude, como el de la carne de caballo, han empezado  a exigir más controles por parte de las empresas. ¿Y si empiezan a “controlar” también en el campo nutricional?
  5. Si algo necesita un cambio urgente, es la legislación sobre las propiedades saludables de los alimentos. Hoy en día un alimento, por mucha azúcar, sal y/o grasas saturadas tenga, puede publicitar supuesto beneficios por su consumo si lleva cierta cantidad de vitaminas o minerales. Un engaño para los consumidores.

En cualquier caso, tendremos que ir viendo cómo se materializa este acuerdo.

¿Y los compromisos por parte de empresas de restauración o distribuidores de máquinas expendedoras? En el próximo post las analizaremos. ¡Te espero!