Cada vez nos encontramos con más “marcas blancas” cuando realizamos la compra. Habitualmente éstas tienen unos precios inferiores a las marcas de fabricante por lo que podemos preguntarnos: ¿son igual de seguras?

 

¿Qué son las “marcas blancas”?

Antes de entrar en materia, quizás debamos empezar explicando qué son los productos de “marca blanca”.

Los distribuidores a los que compramos el producto (Carrefour, Alcampo, Mercadona,…), tienen algunos productos en sus lineales que llevan su propia marca. Por ejemplo si hacemos la compra en Mercadona, podemos encontrarnos  alimentos marca “Hacendado”, sus cremas “Deliplús” o productos de limpieza “Bosque Verde”.

Estos productos no podemos encontrarlos en otros establecimientos, son productos propios o como los conocemos familiarmente “marcas blancas”.

 

¿Quién fabrica estos productos?

Estas distribuidoras generalmente no tienen fábricas propias para elaborar los productos que comercializan bajo su “marca blanca”. Lo que hacen es encargar su fabricación a otras empresas. Pueden ser empresas que a su vez fabriquen sus propios productos o bien que los fabriquen en exclusiva para la distribuidora.

 

Responsabilidades

Y si me intoxico comiendo un producto de “marca blanca”, ¿quién es el responsable?

Pues como siempre que hay un problema de estas características, Sanidad empezaría a investigar para conocer su origen. Éste puede encontrase en las materias primas utilizadas, en la fabricación, en el transporte, en  la venta, o por qué no, en la casa del consumidor. 

No obstante, quien pone la “marca” es al final quien acaba respondiendo ante los consumidores. ¿Os acordáis hace unos año que hubo una retirada de cremas “Deliplús” de Mercadona? El problema tenía su origen en los ingredientes utilizados en la fabricación pero ….¿quién se acuerda del nombre del fabricante? Eso sí, todos recordamos que eran las cremas de Mercadona y fue quien “dio la cara”.

 

Pero…¿son seguros?

A lo que íbamos al principio de este post… ¿son seguros estos productos? Cuando hablamos de seguridad, nos referimos a que tras su consumo no tengamos ningún problema sanitario por no encontrarse en buen estado.

Aunque parezca una obviedad, todas las industrias alimentarias independientemente de si fabrican marcas blancas o marcas propias, tienen que cumplir con lo que les exige la legislación. Y creedme cuando os digo que en el caso de la industria alimentaria no es poca.

Además de eso, y para evitar problemas como el que os contaba antes de las cremas, los distribuidores “controlan” a los fabricantes de sus marcas blancas. 

Para saber cómo trabaja el fabricante lo mejor es realizar auditorías, es decir, que una persona de nuestra confianza vaya a ver la fábrica y compruebe en qué estado se encuentra y cómo se trabaja en ella. Esa es la práctica más habitual: las cadenas de  distribución o bien tienen equipos de auditores expertos en seguridad alimentaria o bien contratan este servicio a empresas externas. Pero todo esto conlleva un coste…..

 

Trabajando juntos para reducir los costes

Hace algunos años, los distribuidores británicos decidieron unirse y crear una Norma en la que recogieran todos aquellos aspectos que sus auditores revisaban en las fábricas. Además decidieron que esta norma debía ser auditada por organismos independientes (previamente aceptados por ellos, claro está).

Y eso no es todo… las empresas fabricantes tendrían que ser quienes contrataran a la empresa certificadora y corrieran con los gastos de auditoría.

Posteriormente, esta misma fórmula fue copiada por los distribuidores alemanes y franceses, que se unieron para crear su propia norma, a la que llamaron IFS (International Food Standard) y que por cierto es muy parecida a la inglesa.

 

¿Cuál es la situación en España?

Aquí tenemos un gran número de distribuidoras alemanas (pensemos en Makro, Aldi, Lidl) y francesas (Carrefour, Alcampo), por lo que su Norma (IFS) gana por goleada a la inglesa. El resto de distribuidoras, por ejemplo las españolas, suelen adoptan también estas normas.

En los últimos años, a medida que aumentaba el consumo de marcas blancas, lógicamente aumentaron las empresas que querían fabricarlas (y más en tiempo de crisis), por lo que esta Norma está muy extendida en las empresas de nuestro país. Incluso algunas empresas que no fabrican “marcas blancas” han decidido implantarla.

 

¿Qué comprueban los auditores cuando van a las fábricas?

En las fábricas hay tantas cosas que observar y comprobar que generalmente los auditores tienen que estar varios días.

IFS, la norma que os decía que es la más utilizada actualmente, tiene ¡más de 300 requisitos! que la empresa tiene que cumplir (y el auditor revisar que se cumplan, no se puede saltar ninguno). El auditor debe ir puntuando cada uno de estos requisitos según las reglas establecidas. La empresa no puede conseguir el certificado que acredita que cumplen con la Norma si no supera una puntuación mínima establecida. Además este proceso se repite anualmente.

Ente otros, los auditores revisan aspectos relacionados con:

  • El diseño de las instalaciones y los equipos utilizados
  • La formación que tiene el personal
  • El uniforme de trabajo y las prácticas higiénicas
  • El control realizado a los proveedores
  • El sistema para controlar la fabricación, envasado, almacenamiento y transporte
  • Los análisis en el laboratorio
  • La trazabilidad de los productos

Algunos requisitos se encuentra relacionados con temas que nos afectan mucho a los consumidores, como pueden ser los alérgenos o el etiquetado de los productos.

 

Hacia dónde vamos

Las Normas se revisan y actualizan cada pocos años. La tendencia que observamos en la evolución de las Normas se basa en el control de tres frentes distintos por parte de las industrias alimentarias:

  • La seguridad de los alimentos que fabrican: es el aspecto que hemos detallado hasta ahora y en el que más se han centrado las normas.
  • La defensa alimentaria o “food defense“: evitar que los alimentos que elaboran sean contaminados de forma intencionada (¿recordáis el caso en Alemania de una persona que amenazaba con contaminar alimentos para bebés?). 
  • Evitar el fraude. Este aspecto cobra cada vez más relevancia a partir de hechos como el fraude de la carne de caballo.

 

Estas normas son por tanto, mucho más exigentes que la legislación,  adquiriendo las empresas un mayor compromiso con la seguridad alimentaria  y ahí, creo yo, salimos ganando todos.